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PERSONAJES

SANDRA

CLAUDIA

 

 

 

¡… y ay de mí  una y mil veces, que tan a rienda suelta me dejé llevar de mis deseos! 

Teodosia.

Las dos doncellas.

 

 

 

 

I

Un par de mujeres bebe avanzada la noche.

SANDRA: Una avestruz humana. En eso me convertí. ¿Qué me pasó? Me faltó hacer el pozo.

CLAUDIA: Pensé que iba a ser más joven, más hippie.

SANDRA: Ni sonreía.

CLAUDIA: Yo también me fijé en eso. Me hubiera quedado en casa. ¿Qué quería este tarado? ¿Plata? ¿Confort? Todo ese tiempo que vos y yo estuvimos paradas ahí… el telefonito todo el rato. Hay que ser hueco.

SANDRA: Le cuenta a las amigas chetas. Le sacará fotos, andá a saber. Pelotudo. Que se cuide. Porque el marido…

CLAUDIA: ¿No dijiste ex marido?

SANDRA: Lo mismo. Mafioso. Tipo de guita. Yo me cuidaría.

CLAUDIA: Viste lo que eran esas sandalias… El vestido. Impecable.

SANDRA: Yo lo conocí en un baile del club.

CLAUDIA: ¿Al marido?

SANDRA: No, a Antonio.

CLAUDIA: Dice que salió con un grupo de cumbia.

SANDRA: Dice tantas cosas. A mí que no me diga nunca más mi amor. ¡Hijo de una gran puta!

CLAUDIA: Bueno, que la madre no debe tener la culpa.

SANDRA: ¿No? ¿Entonces? ¿Vienen de un criadero de hijos de puta?

Silencio.

CLAUDIA: ¿Sabés qué es lo más triste, a esta altura de mi vida? Que me cambien por un auto caro. Chin chin.

SANDRA: Siempre hay una primera vez. Salud.

Claudia saca cigarrillos de su cartera y convida a Sandra.

CLAUDIA: Yo volví a fumar por culpa de él.

SANDRA: Yo también.

Ambas prenden los cigarrillos.

SANDRA: Pienso cómo no te alcanzó, qué hacíamos ahí, qué hacía yo.

CLAUDIA: Está bien pensar… hay un momento que no, pero…

SANDRA: Sí. Te voy a decir algo: yo nunca más fui feliz, que te quede bien claro, yo no sé qué te habrá dicho Antonio porque no sé de qué hablan, ni quiero saber, pero desde que vos apareciste en nuestra vida fue como…

CLAUDIA: Está bien, es el momento…

SANDRA: Pensé tantas cosas en este tiempo, pero ahora no puedo dejar de pensar en ellos bajándose de ese auto, metiéndose en esa casa de ricos. Garrrchando.

CLAUDIA: No creo.

SANDRA: Sí creo.

CLAUDIA: Puede ser.

SANDRA: Cuando supe que vos existías fue como un nubarrón en un día de campo, una cosa que no deja pasar más el sol y la gente se pregunta: ¿les parece que esto se arregla o entramos la comida? Y vos pensás por mí tiren la comida a la mierda que se terminó el picnic de mierda y la puta madre que los parió a todos con su canastito y su felicidad.

CLAUDIA: No tomés más, ya no vale la pena. Dejá que yo me lo termino.

SANDRA: Estoy bien, ¡dejame algo, carajo! Te voy a pedir que no me corrijas, que no me digas qué mierda tengo que hacer, ni me llames Sandrita, si querés que tengamos la fiesta en paz. Punto.

CLAUDIA: Disculpame.

SANDRA: ¿Por ahora o por todo?

CLAUDIA:

SANDRA: Es muy fácil decir que te encanta una pizza, pero hay que decir: hoy soy el hombre más feliz del mundo, con el cacho de tu pizza en la mano, no me voy a olvidar nunca, recostado en mi cama. (Llora.) –Como aquel poema que dice que ella no le quiere confesar, un poema… (Se ahoga.) –Que es la noche más hermosa de la vida de ella y él se lo dice, se le adelanta y se lo zampa y ella se pierde la oportunidad… Para mí, ¿no? La oportunidad.

CLAUDIA: No, llores. Sí, siempre hay interpretaciones. Yo…

SANDRA: Yo no necesitaba más poesía que eso. Eso es lo único que hay que interpretar. Y pensé que a él le pasaba lo mismo. ¿Y va y te garrrcha a vos? Y ahora a esta… ¿No tiene límites? ¿Hay que avisarle que llenó? ¿Hay que sacarle el plato de adelante?

Silencio.

CLAUDIA: No me gusta que digas esa palabra.

SANDRA: ¿Eh?

CLAUDIA:  Gar… Garchar… no me gusta, no es de mi época, no sé… Si querés hablar de vos así… me parece bien igual. Pero si te referís a mí…

SANDRA: Mirá, Claudia, disculpá que te sea tan sincera, yo tomo poco, no sé quién de las dos hace la mejor pizza. No probé tu pizza, además, pero…

CLAUDIA: Carnes hago yo.

SANDRA: Ahí tenés. ¿Con quién compito? Claro, yo soy una idiota. Con la carne no, con el vino bueno tampoco. No compito.

CLAUDIA: Vos sos inteligente, sos joven.

SANDRA: ¿Cuántas minas tiene?

CLAUDIA: ¿Cómo cuántas?

SANDRA: Ay, Claudia. Yo con la primera mirada sentí cómo mi cuerpo se encogió para hacerle lugar y después de ahí… No te lo puedo explicar mejor, fue como que se me fue todo para adentro, quedé flaquita y la ropa lejos.

CLAUDIA: Vos sos flaquita. ¿Ves? Ahí tenés otra cosa buena.

SANDRA: ¿Me estás tomando el pelo? Me sobró el espacio, eso te estoy diciendo. Y te voy a decir más: yo lo extrañaba cuando lo veía, por adelantado lo sufría.

CLAUDIA: Yo pensé qué regalo me está haciendo la vida, cuando lo conocí. ¿Sabés? Porque yo pienso así y no está mal. Agradezco las cosas, soy una tipa optimista, aunque los ojos de los otros no ayuden, porque muchas veces es verdad que no ayudan. Y  no quiero que él me cambie eso.

SANDRA: ¿Y por qué se lo permitís?

CLAUDIA: ¿Acá no grita?

Silencio.

SANDRA: Grita, sí.

CLAUDIA: Gallito. Adentro, afuera no se anima. A mí eso no me gusta. Me viene gastritis. Que todo el barrio parece que se tiene que enterar… Una vergüenza. Por eso lo eché una vez. Y los primeros días la pasé mal pero después… cada vez mejor, hasta que me lo crucé. Yo ahí tenía que haber cortado de verdad. (Se emociona.)

SANDRA: Manda la concha. Perdón, pero es así.

CLAUDIA: No, sentí que perdía tanto también, que no sabía cómo esconderme de mí misma. Y no sabés lo que fue la escena de las disculpas después: lloraba.

SANDRA: Actorazo.

CLAUDIA: Me había puesto metas. Quince días sin verlo, cuatro fines de semana…

SANDRA: Los objetivos…

CLAUDIA: Le rayé el auto, me cociné con mucho frito, dejé de comer. Me metí en un grupo de gimnasia para distraerme. Nunca lo llamé. La tentación. (Silencio.) –Vos y tu casa son muy lindas. No me imaginaba.

SANDRA: Gracias. No sirve de mucho, te aviso.

CLAUDIA: Y se nota que lo querés.

SANDRA: Se me va a pasar. (Silencio.) –Hoy justo pensé en un… no sé cómo llamarlo: plan. Y viniste.

CLAUDIA: Mi viejo siempre decía que uno se toma el bondi que se tiene que tomar.

Sandra liquida la botella en los vasos.

SANDRA: A tomar, entonces.

Las mujeres sonríen.

SANDRA: Mi viejo lo hubiese cagado a balazos.

Silencio.

SANDRA: Se me ocurrió esperarlo golpeada un día. Golpeada de golpes, marcas… físicas, ¿no? Y entonces pensé escribirle una carta amenazándolo. Como si fuera un amante tuyo, alguien que lo amenazaba con que te dejara.

CLAUDIA: 

SANDRA: No se lo hacemos a nadie más, es entre nosotras.

CLAUDIA: Eso lo entendí, pero…

SANDRA: Es si queremos. Mirá. Este año se mudó una mujer nueva al edificio que da al fondo. Una mujer muy gritona. Grita. Al principio no me daba cuenta si llamaba a un perro o a un niño porque yo escuchaba que gritaba, en el invierno. Nada más. Y ahora se agarró la costumbre, con el calorcito, el perro se ve que sale, ella lo deja salir y se queda ahí… manguereándose, de malla. Y pueden ser las diez, diez y media y ya está ahí. Es su momento en el año. Pero hoy veo que tiene un par de marcas en los brazos, marcas como de golpes y…. bueno, me hizo pensar en esto que te digo.

CLAUDIA: No entiendo qué ibas a ganar haciendo eso.

SANDRA: La desesperación. Creía que  llegado el caso Antonio me iba a proteger de una cosa así.

CLAUDIA: Él sabe que no tengo otros amantes.

SANDRA: Pero no sabe si esta mujer sigue viendo al ex. Digo. Para este caso… ¿No? Es una idea estúpida, yo sé, pero ahora que está ella y que sabemos en qué mundo se mueve, si pasara algo… Sentí que cerró todo.

CLAUDIA: ¿Qué puede pasar?

SANDRA: No, digo… Una advertencia.

CLAUDIA: Si vos creés que sirve de algo… Yo a esa la quiero afuera. Contigo es distinto. Sos una mina común, de barrio. Ahora ya te conozco. Hagámoslo. Pegame. ¿Qué perdemos? Ya perdimos.

SANDRA: ¿En serio?

CLAUDIA: ¿No te das cuenta que ya perdimos?

SANDRA: Si te puedo fajar…

CLAUDIA: Bueno, dicho así no sé… Pensé que hablábamos de un par de piñas.

Sandra le sostiene la mirada a Claudia. Luego la abraza toscamente como una niña.

SANDRA: Gracias.

CLAUDIA:

SANDRA: Por compartir esto.

Entonces Sandra le pega una piña en el estómago a Claudia, que le corta la respiración.

Sandra la observa.

 Claudia se incorpora como puede.

CLAUDIA: Pero que se vea, ¿no? Si no, no tiene sentido.

SANDRA: Tenés razón. ¿Querés un vaso de agua?

CLAUDIA: Me toca.

Claudia le pega flor de piña en un hombro a Sandra y luego la enfrenta pidiendo más.

Sandra queda un poco atolondrada y cuando puede reaccionar las mujeres se trenzan.

Caen al piso. Se tiran del pelo, forcejean, gimen.

Es como una danza, pero se deben esos golpes y pegan.

Y otra vez.

Y dale.

La respiración agitada y la angustia las agota.

Y se empiezan a ver en la otra y les da pena.

CLAUDIA: Ta, ta, ¿no?

SANDRA: Sí, paremos.

Se separan. Se acomodan un poco.

Silencio.

SANDRA: En unos días, si es necesario, repetimos. Ahora anotá.

CLAUDIA: ¿Tenés para anotar?

Las mujeres hacen equipo.

SANDRA: Si te conoce la letra no sirve.

CLAUDIA: Hago otra.

SANDRA: Antonio Flores…

CLAUDIA: «La rubia y la morocha la van a empezar a pasar mal». ¿Algo así te parece?

Se miran satisfechas.

 

II

Unos días después: euforia. Claudia y Sandra ríen lastimadas.

CLAUDIA: Nos peleamos. Lloramos los dos. Nos dimos como adentro de un gorro. No sé todo lo que nos dijimos. Se prendió fuego todo. ¡Amiga!

Las dos extrañan la palabra, pero este extrañamiento dura nada porque enseguida están abrazadas y festejando la victoria. Entre doloridas y divertidas se separan.

SANDRA: Sí, yo cuando lo vi irse de casa ya supe. La cola entre las patas. Y pensé: ahora se cruza a Claudia y se muere.

CLAUDIA: No, yo tengo que reconocer: lo volvimos a tener para nosotras. Como nunca. Te miro y pienso que me hubiera gustado ser la primera. Verlo viendo aquello por primera vez. Una cosa debe haber sido…

SANDRA: Le temblaban las manos, se le caía el tabaco. ¿Qué sabés de esto, Antonio? La carita.

CLAUDIA: Pobre… porque además de ser humillante debe ser muy asustador.

SANDRA: ¿Pobre?

CLAUDIA: Imaginate que él debe haber pensado mil veces que este tipo, el ex, le podía hacer algo. Y un poco… no te voy a negar que me dio lástima.

SANDRA: ¿Antonio?

CLAUDIA: Y… Él no se da cuenta que no le da el piné. Que no se puede meter con dos mujeres como nosotras y destratarnos así. Capaz que es que yo lo veo más chico, que no se da cuenta.

SANDRA: Se da cuenta.

CLAUDIA: Igual cambió todo. Yo estoy entusiasmada. No sé si te puedo decir feliz, pero… bastante feliz.

SANDRA: Después de que me vio… no, me quedé pensando. El destrato. Los gritos. Que ustedes se pelearan. Nosotros también nos peleamos. No es normal, no todo el mundo se trata así. Yo pensé si me ve tan mal… pero no.

CLAUDIA: Y, sí, un poco loquito es.

SANDRA: El alivio ese que vos sentías cuando no aparecía, cuando lo echabas…

CLAUDIA: ¿Qué pasa?

SANDRA: A mí hay algo que me confunde. Vuelta a lo mismo… Es muy triste separarse, pero un día se supera, qué sé yo.

CLAUDIA: Pero, ¿quién se va a separar? No… ¡No! Hay que disfrutar esta etapa. La energía tiene que estar puesta ahí. ¿Sabés? No tenés idea de la que zafamos. Lo intentamos y resultó. ¡Sandra! No hay vuelta atrás.

SANDRA: ¿Y los golpes?

CLAUDIA: No, eso seguiría. Cada tanto, claro. No digo siempre porque es un despropósito. Pero ahora ya sabemos que funciona. ¿Sos melancólica vos?

SANDRA: No.

CLAUDIA: ¿No?

SANDRA: No.

CLAUDIA: Bueno, mejor entonces. ¿Sabés qué pensé? Que podíamos probar con un cigarrillo alguna vez.

SANDRA: ¿Quemarnos?

CLAUDIA: Poquito, bien superficial.

SANDRA: No sé. Eso tiende a infectarse, no es un machucón, ya se va para adentro.

CLAUDIA: Es una barbaridad, estamos de acuerdo, pero si lo pensás bien… Yo digo más adelante, para que no se olvide. Un recordatorio.

SANDRA: Hasta caro me parece, capaz de tener que tomar antibióticos. Yo no.

CLAUDIA: Ciclotímica. Eso sos.

SANDRA: No creo.

CLAUDIA: Entonces tenés que hacerte ver esos momentos.

SANDRA: (Se sonríe.) – ¿Qué momentos?

CLAUDIA: Bueno, hacé como quieras. Yo pasé a contarte. Hoy se queda en casa y mañana te lo mando. Tenía una reunión con los del grupo, pero… viste que si viene, largás todo.

Suena un celular. Claudia busca en su cartera.

SANDRA: Hoy se quedaba en mi casa.

Suena. Vuelve a sonar. Claudia se extraña.

CLAUDIA: No, si yo estoy haciendo los mandados. Es Antonio.

SANDRA: Hoy vamos a ir al cine. Es…

Vuelve a sonar.

SANDRA: Es nuestra fecha. La fecha que nos conocimos. Yo tenía ganas de ir al cine…

CLAUDIA: ¿Él sabe que es el aniversario de ustedes?

SANDRA: No creo, pero capaz que sí.

Vuelve a sonar.

CLAUDIA: ¿Cuándo arreglaron?

SANDRA: Lo mato.

Suena. Las mujeres no dejan de mirarse.

CLAUDIA: Debés estar equivocada.

Sandra y Claudia se apartan un mínimo. A Claudia le cuesta hablar.

CLAUDIA: Hola. (…) Sí, ¿vos? (…) ¿En serio? (…) No, sí que te creo, pero me da lástima. (…) No, no pasa nada. Era la ilusión, nada más. (…) No, no es para hacerte sentir culpable. (…) No me hables así. (…) Bueno, puede ser, porque teníamos un plan. (…) Ya sé que no me pediste que cancelara nada, pero… (…) No me hables así, te pido por favor. (…) Bueno, entonces te pido perdón. (…) No, no me quedo mal.

Claudia respira hondo un par de veces. Entre triste y avergonzada.

CLAUDIA: Se ve que era noche de cine nomás.

SANDRA: ¿Te habló de mí?

CLAUDIA: No. Dice que tiene un cumpleaños.

SANDRA: Te trata mal, te cancela y vos le tenés que pedir perdón.

Claudia le pega una piña a Sandra y le parte el labio.

SANDRA: No, ¿qué hacés?

CLAUDIA: Fue un impulso. Disculpame. Sandra, te pido por favor que me perdones.

Silencio. Las mujeres miran el hilo de sangre.

SANDRA: ¿Quedó bien?

CLAUDIA: Quedó… va a quedar.

SANDRA: ¿Para ver una de terror?

CLAUDIA: Una de vampiros.

Sandra le baja los lentes de sol a Claudia hasta calzárselos bien. Se mira en el reflejo. Besa a Claudia cariñosamente.

SANDRA: Gracias. No aguanto más la berretada de todo lo que dice, que se altere así.

CLAUDIA: No estaba alterado. Tranquila. Se van a divertir.

SANDRA: Lo peor de dejarlo es que igual está en la calle, en los olores, las lágrimas…

CLAUDIA: Cambiá esa cara. Vos te merecés tu aniversario.

SANDRA: Así no sirve.

CLAUDIA: Dale. Y te felicito. Reite, dale. Invitalo a un hotel fino, que nos dé la plata. Decí que pagás vos todo, que con lo garronero que es… Yo te ayudo. Te llevás un vestido escotado.

SANDRA: ¿Qué hacés?

CLAUDIA: Somos amigas.

SANDRA: ¿De dónde? Dejate de repetir eso. ¿Sabés qué es lo peor? Empecé a pensar que no le gusta más mi pizza. Y esa no se la voy a perdonar.

CLAUDIA: Ay, no… ¿Cómo no le va a gustar más?

SANDRA: Ya sé. Cosas que no tienen ningún sentido, pero que están ahí todo el día dando vueltas. No quiero ser la estúpida de la novela que se conforma con que pase otro, le pida matrimonio y ya está. Yo no soy esa.

CLAUDIA: No, no sos.

SANDRA: Con estas cosas no se jode.

Silencio.

CLAUDIA: Yo iba al hotel, festejaba… y llevaba un arma. Siempre conmigo, tranquila. En la cartera. En un momento, cuando se quedaba dormido lo despertaba con el caño en la cabeza. (Le sonríe.) –Después le mostraba que no tenía balas.

 

III

Sandra sostiene un improvisado ramo de flores y un corte pequeño en el labio, que ya cierra.

Claudia desconsolada.

SANDRA: No sé si muerto. No sé. Yo iba saliendo cuando llamó y no quise atender, no quise escuchar el mensaje antes de ir. Es más, dejé el teléfono sobre la mesa y me puse a esperarlo en la puerta del cine. Una hora. Preferí. Yo hago esas cosas. Para que me queden bien grabadas en la retina. Me plantó.

CLAUDIA: No te plantó.

SANDRA: No se deja un mensaje en esas condiciones, si es obvio que el otro no va a escuchar.

CLAUDIA: No… no… no…

SANDRA: No sé. La verdad es que no lo sé. Me pudrí. Pensé mínimamente nos desencontramos, pero en esta ciudad para desencontrarse hay que esconderse. Y yo no soy muy buena para buscar. Mi vecina se levantó temprano encima, cuando yo estaba logrando pegar un ojo. Y arranca a llamar al perro. Yo casi no había dormido, seguía dando vueltas sin saber qué hacer. El cuerpo me dolía. Escucho cómo lo llama y el perro tampoco se presenta. Increíble. En la misma. Ella lo llama y el perro no aparece.  Y dije: lo voy a buscar. Mañana de diciembre, temprano: la temperatura de las cosas bellas. ¿Qué puede salir mal? Es la noche lo que… y de golpe, en un pestañeo, tengo un arma en la mano y estoy gritándole basta. Basta. Basta. Basta. Escupiendo balas a lo loco. Una laguna. Pero ahí lo terminé. A unos tres o cuatro metros de mi mano derecha. Lo terminé o no. Un silencio… Borbotones mudos. Un humo… Tres o cuatro metros. Dos o tres segundos pasé así. Y de repente el eco y cierro los ojos. Y distintos ah ah ah. Yo escuchaba. Míos. Y fui volviendo en mí. Una calma sudorosa. Y miro. Y para todos lados. Nadie. Y corro. Hace un rato me despierto y Antonio estaba en el informativo. Elegite las tuyas. Ya está.

CLAUDIA: No tengo un vestido negro.

SANDRA: Está bien. Ponete cualquier cosa.

CLAUDIA: ¡No tengo un vestido negro!

Claudia llora.

SANDRA: Yo porque tenía…

CLAUDIA: ¿Cualquier cosa? ¿Vos te pusiste cualquier cosa?

SANDRA: No sabía a dónde ir.

CLAUDIA: Sentate.

Claudia sale. Sandra hace caso.

SANDRA: Pensé que podíamos ir juntas, nada más.

CLAUDIA: ¡Ese es el problema! ¡Todo lo que vos pensás es el problema!

SANDRA: No me grites. No me hagas lo que no te gusta…

Claudia vuelve a entrar con una prenda en la mano. La manipula con violencia para no irse arriba de Sandra.

CLAUDIA: ¡Te grito, sí!

SANDRA: ¡No! ¡No me gritás!

Claudia vuelve a salir, busca algo en la habitación contigua.

SANDRA: Que la palabra fiesta le parecía que lo denigraba entonces que para eso mejor ni empezar la discusión. Mirá, ahí me acordé, fue a mi casa. Claro. Entonces no puedo hablar dije, si acabás de llegar de una fiesta, ¿qué querés que te pregunte? Si siempre hablamos de lo lindo que es ir a fiestas, si a vos te encanta la fiesta. Que no soy ningún fiestero, me dice y en eso escucho que dice entonces basta. Como si hubiera sido un atrevimiento de mi parte, ¿entendés, Claudia? Lo dio vuelta, lo enredó, como si yo no estuviera siendo amorosa con él, como hace siempre. Me dice que lo tengo cansado, que se va, que basta. Basta, se fue tocando bocina como loco. Entonces… Yo lo había esperado, yo estaba pendiente esa noche, vos sabés cómo se siente eso. Es asqueroso.

Claudia entra semidesnuda. Todo su cuerpo con golpes de días.

CLAUDIA: ¿Entonces?

SANDRA: No sé.

CLAUDIA: ¿Por qué viniste para acá?

SANDRA: ¿A dónde querías que fuera? No me vio nadie. Me asusté, estuvo en mi casa, estamos las dos llenas de golpes hace cuánto. Un milico llamó.

CLAUDIA: ¿Eh? ¿Qué hablaste?

SANDRA: Yo no quería quererlo más.

CLAUDIA: ¡No! Concentrate en lo importante, Sandra.

SANDRA: ¿Por qué me tenía que conformar yo?

CLAUDIA: ¡Nadie te pidió que te conformaras!

SANDRA: ¿Y qué me pediste, entonces? Decime. ¿No había que amenazarlo?

Claudia le tapa la boca a Sandra con bronca. Silencio.

CLAUDIA: ¿Te das cuenta que en este momento alguien puede estar escribiendo el nombre de Antonio en una casa velatoria? ¿Vamos a calmarnos? Vamos a maquillarnos un poco que se nos ve todo. Dale, vení, que acá tenemos mejor luz.

Calma. Claudia maquilla a Sandra con los dedos. Cubre las heridas más visibles Se enlentece el tiempo para las mujeres.

SANDRA: Alguien también lo está maquillando, ¿no?

CLAUDIA: Shhh. No, no pensemos así. ¿En qué canal salió?

SANDRA: No, no sé… Es un alivio.

CLAUDIA: El de la ceja todavía no cerró.

SANDRA: Hay que estar muy cerca para verlo.

CLAUDIA: Sí, te estaba viendo la boca.

SANDRA: Estaba muy impresionado, me abrazaba. Pero no la dejó, ¿no? Convengamos: se la buscó. No le importó una mierda que alguien nos estuviera moviendo.

Sandra maquilla a Claudia.

CLAUDIA: Yo estaba bien con que no viviera conmigo y esperarlo, ¿sabés? No lo quería tener atado. Me gustaba perfumarme distinto, cortar flores. Pensaba otra cosa de él. Va a estar todo bien. Estamos juntas en esto.

 

IV

CLAUDIA: ¿Querés ir? ¿Qué querés hacer?

SANDRA: ¿Ir a dónde? ¿Escaparme del país?

CLAUDIA: Si querés ir a tu casa. No entiendo qué mierda viste en la televisión. ¿Dónde viste sangre? No sé. ¿Le disparaste? No se sabe. Parecería que no, pero no voy a estar preguntando si el auto está baleado. ¿Infartó dijo la enfermera? Muy bien. ¿Hay que agarrarle la mano? Muy bien.

SANDRA: Todo te parece bien. ¡Qué bien! Aunque no le haya disparado me vio.

CLAUDIA: Sí o no. ¿Quién sabe? Vos no te acordás, él va estar en shock un tiempo, dopado. No sé, no soy un perito.

SANDRA: Pero lo deseé, lo deseamos, Claudia. Yo lo quería matar, vos también.

CLAUDIA: No, yo quería darle un susto y bajá la voz. Yo ya tenía lo que quería, te lo dije muchas veces.

SANDRA: Prefiero quedarme acá, ¿qué hago sola, allá?

CLAUDIA: Igual, ahora después habrá que ir a buscarle cosas.

Silencio.

SANDRA: Cuando la enfermera dijo familiares de Antonio Flores hablaste como su mujer. Yo soy más su mujer.

CLAUDIA: No podías ni hablar cuando nos acercamos. Terminala. Lo mejor es que yo me lo lleve a mi casa un tiempo.

SANDRA: (Ríe.) – ¿Eh? ¿Por qué?

CLAUDIA: ¿Es una broma, Sandra?

SANDRA: No, sos vos la que está diciendo cualquier cosa. ¿Y aquello de la felicidad que habíamos conseguido las dos?

CLAUDIA: Va a ser lo mejor para todos.

SANDRA: Porque yo voy a estar lejos.

CLAUDIA: En primer lugar porque vamos a estar todos vivos.

SANDRA: Él la va a seguir viendo, Claudia. A ella o a otra, o a otras. Vamos.

CLAUDIA: No, ¿cómo vamos? Recién llegamos. No sabemos ni qué pasó.

SANDRA: Después va a ser más difícil.

CLAUDIA: Más sospechoso va a ser. Voy a salir a fumar. Si querés nos turnamos.

SANDRA: Es increíble que no veas tu cara en el espejo, en fotos. Buscá una foto de antes, mirate los ojos, la sonrisa buscá.

CLAUDIA: Yo sonrío para alguien en las últimas fotos.

SANDRA: A mí me gustaba llegar a mi casa y cruzarme con los vecinos y que tuvieran de qué hablar y que me trataran mejor y que sólo vos y yo sepamos.

CLAUDIA: Sí, también pienso qué va a pasar cuando te vayas, pero…

SANDRA: Dale.

CLAUDIA: ¿Dale qué?

SANDRA: Ella le va a decir era tan triste pensar que te ibas a morir, que por eso no fui al hospital. Vos preparándole comida de pobre y ellos cogiendo como conejos. Sos una buena mina. Si vos también lo dejás puede ser más fácil para las dos. Nadie gana, nadie pierde. Ganamos las dos en realidad.

Claudia la abraza. Sale con sus cigarros.

Sandra se da cuenta que quedó sola.

SANDRA: Me impresioné, la boca seca, esa expresión… Igual me alivió que tuviera los ojos cerrados. Antonio: soy Sandra. Varias veces aprieta los párpados, como con miedo. Pienso que se despierta en cualquier momento, esto se soluciona con una almohada, pero no, Claudia me delataría sin dudarlo un minuto. Ya no toleraba más el cigarro desparramado sobre mi mesa blanca, las botellas acumulándose, las bolsas de basura volcadas sin que a nadie le importara nada. Vos sos eso para mí: las bolsas desparramadas que traen la mosquita de la fruta y llenan toda la casa de mierda. Las veces que me dejé gritar, las veces que me dejaste vencida, moqueada, lejos del espejo… Aquel lecho luminoso vuelto cama sucia y oscurecida de pensamientos. Si la vida no se encarga de que pagues algo de este dolor espero tener el honor, Antonio querido, porque esta la vas a pagar.

Sandra se quedó dormida. Claudia la despierta emocionada.

CLAUDIA: Se despertó, Sandra. Habla de un tipo que lo está siguiendo. Hay que llevar todo para ahí. Guiarlo. No hagamos escándalos, no nos veamos por un tiempo. Voy a volver a entrar y no voy a salir. Lo mejor es que esté ahí. Vos nunca estuviste acá para mí.

SANDRA: ¿Qué? Pará, pará… Claro que estuve. Estoy. Yo estoy. A mí que me reconozca todo lo que me prometió no me importa, ¿me escuchás?

CLAUDIA: ¿Qué te prometió?

SANDRA: Que me denuncie si tiene las pelotas bien puestas. Decile eso. Ahora me voy a sentar acá hasta que me manden sacar o hasta que me metan en cana.

CLAUDIA: Un día de estos paso por tu casa.

SANDRA: No es verdad que el tiempo cura todas las heridas, Clau, vos sabés. Claudia. Perdonar no es tan divino.

Sandra golpea fuerte su cabeza contra la de Claudia. Claudia se defiende como puede.

Las mujeres se boxean amorosamente.

Se abrazan, se pegan con el puño, con la mano abierta.

Se vuelven a abrazar.

Claudia deja de defenderse hasta que Sandra la abandona en el piso.

 

V

SANDRA: Había agarrado el arma, es verdad. Y me había ido por la cortada de atrás, que sé que él tiene que dar esa vuelta por la principal y me lo cruzo en el semáforo. No me daba el aire, no me daba el pecho y justo va bajando la ventanilla cuando me ve. Y se ríe, claro… piensa por un segundo que lo corro para llorarle, pero me ve los ojos y me ve el arma y no le da para reaccionar. Se da cuenta que es un día distinto, un día que no conoce. Ve. Ve todo. Y yo siento que mi corazón saca dedos de donde puede y aprieta el aire y escupe una bala imaginaria y otra después y después otra. Eco. Silencio y más eco. Una pintura roja el vidrio. Y después la realidad: no había color, no había balas, sólo susto. ¡Pero qué susto, Antonio! Infarto y dos minas en un hospital… Algo común. No pasó nada. ¿Volvió con Claudia? Ni sé. Hay un momento que si respiro es porque me acuerdo que una vez respiré con él. Ya se va a pasar. Porque no es que no hay nadie en ese sillón, falta la persona que se echaba ahí. Entonces una la trae, la acomoda como puede y no la deja ir y es tan triste y necesario, una adicción.

Oscuridad total.

Leer la obra original de Miguel de Cervantes:

Las dos doncellas